Decir-te quiero. Decirte te quiero. Decirte siempre.

Lo bonito e inesperado del amor es que viene igual que una ráfaga de aire cálida, en plena calle y con un vestido de volantes. Te levanta el alma y literalmente te desnuda. 

Al principio te cosquillea el estómago y te sonrojas. La 
vergüenza se apodera de tu ser, te ríes sin motivo, te atusas el pelo como que no quiere la cosa, te haces la dura cuando por dentro estás como un flan, y te da un poquito de miedo reconocer que estás pillada.

¿Qué me está pasando Señor de la Cañita? 

Si no estaba en mis pensamientos profesionales, festivos y de más índole, el plan de ¿Enamorarme?

¡Qué vértigo me genera esa palabra!

Pero sí, de la forma más inesperada y graciosa, una pasión intensa de color rojo ácido, ha tocado a mi puerta con fuerza y simplemente he decidido abrir y conversar con él.

Sin pensar, como se hacen las mejores cosas en la vida. Ni por asomo barajé la posibilidad de dejarle en el descansillo viendo por la mirilla como le moja la lluvia y le ataca el frío.

¿La razón? La verdad, que la desconozco, pero a los pocos días me apetecía compartir mi intimidad con lo recelosa que soy. Por que necesito saber su opinión, necesito su comentario tonto y casual para relativizar un problema.

Y el caso, es que sigo buscando una explicación a este disparo directo al corazón. ¿Cómo es posible esta escena de película de amor en mi vida? 

Un día cualquiera vas a comprar pan, se te cae el pañuelo que te regaló tu abuela el día de tu dieciocho cumpleaños, tu sin darte cuenta sales de la tienda, y él lo recoge te toca el hombro por detrás, y zas: ¡Momento mágico!

A ver no es el guión exacto de esta historia, pero tengo que decir que desde ese momento me han empezado a encantar las pinzas de la ropa.

La vida está llena de sensaciones y tu eres la casual sensación más bonita que he sentido.

Magia musical le he llamado. Todo corazón, ternura y sobre todo amigo. El chico de la palabra perfecta en el momento indicado, el de la sonrisa me acompaña a pesar de no tener ganas, y reír reír reír hasta doler.

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